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Siglo III a.C: Aníbal Barca vs SPQR Cáp. III de III. Por Tostadora

Siglo III a.C: Aníbal Barca vs SPQR Cáp. III de III. Por Tostadora

Volvemos de nuevo a la época de la segunda guerra púnica, concretamente al año 216 a.C. Los cartagineses habían llegado a la península itálica dando un histórico rodeo para evitar el encuentro con las tropas romanas. Desde su Cartago natal (actual Túnez) desembarcaron en la costa este de Hispania, donde habitaba el orgulloso pueblo íbero, dirigiéndose al norte hasta llegar a los Alpes. Allí, Aníbal sufrió unas dramáticas condiciones climáticas y algún problemilla de logística con sus elefantes.

 

Cuando llegó a Italia, las fuerzas de los contendientes estaban ligeramente descompensadas. Eran algo así como 15 a 1 a favor de Roma. ¿Pero qué son quince legionarios para alguien que cena bebes romanos y se bebe la sangre de las doncellas latinas? Al menos eso era lo que se rumoreaba por el Circo Máximo.

 

Lo cierto es que Aníbal no era para nada un salvaje sediento de sangre, como se han encargado de pintárnoslo los historiadores del bando vencedor. Era un hombre sensato y brillante. Seguramente el mayor genio militar de la historia, muy por encima de Alejandro Magno. Porque si bien el macedonio contaba con el mejor y más preparado ejército de su tiempo, no se puede decir lo mismo de las huestes de Aníbal. No eran malos guerreros los cartagineses pero no tenían la preparación de los romanos. Y si añadimos que una parte importante de su ejército eran mercenarios, cuya principal característica solía ser su comportamiento anárquico, pues llegamos a la conclusión de que el general cartaginés hubiera dado un riñón por un trankimazín o un dedo por un somnífero.

 

La farmacología no se encontraba muy desarrollada por aquel entonces, por lo que Aníbal, si quería conciliar el sueño, tendría que preparar las batallas como nadie antes lo había hecho. Su estilo se basaba en aprovechar cada una de las pequeñas ventajas que el terreno le podía conceder. Ahora te escondo la caballería en un bosque, luego te pongo a los arqueros en una colina o te hago un sandwich (o bocata de calamares a la romana) cuando cruces un puente.

 

Los romanos no han pasado a la historia por su juego de cintura –tampoco por su mano izquierda ni por su pensamiento lateral- lo que les provocó severas derrotas. Imagínense un boxeador de 180 kilos que sólo sabe dar un golpe: por ejemplo, el directo con la derecha. Si te da, te saca la nariz por la nuca. ¿Qué haría un púgil de 95 kilos escasos? Primero cubrirse la cara. Segundo, poner en práctica el juego de piernas, moverse, danzar como una mariposa. Tercero, lanzar muchos golpes, no muy potentes, pero desde diferentes ángulos, como una avispa. Todo esto hará que el obeso mórbido tenga que moverse si le quiere dar una galleta. Y no es tan fácil manejar semejante cantidad de arrobas.

 

La inteligencia de Aníbal y la movilidad de sus tropas masacraron a los romanos en las primeras batallas. General que se enfrentaba al cartaginés, general que fracasaba. Por lo que desde el senado se vieron forzados a tener dos buenas ideas seguidas. Una era que si Aníbal aprovechaba siempre las ventajas que ofrece el terreno, se plantearía la batalla en algún lugar completamente llano y pelado. La otra consistía en que si ejércitos mayores que el cartaginés habían perdido pues se mandaría otro MUCHO mayor que los demás.

 

Se eligió Cannas como escenario y hasta allí se fueron los comandantes Cayo Terencio Mario Varrón y Paulo Emilio con 90000 soldados que se enfrentaría a los 30 y tantos mil que ponía Cartago. Cuando a Aníbal le llegaron noticias de lo que se avecinaba se dio cuenta de que la retirada era prácticamente imposible, pues en caso de huída podrían acabar acorralándolos, mientras que si mantenían la posición en Cannas tendrían al menos una oportunidad. Hay que decir que esa oportunidad sólo la vería él. Si alguien se encuentra en un descampado con una pandilla de ocho o nueve manguis lo primero que piensa no es: “En vez de huir y saltar la valla como pueda, me voy a quedar aquí, en el centro, para ver si puedo rodearlos”. Es decir, ¿te parece difícil saltar la valla pero no acorralar tu solo a una pandilla de navajeros? ¿Cómo ha podido la evolución dotar a alguien de tales mecanismos para la supervivencia? Porque lo que sabemos según los textos es que Aníbal no tenía parientes de Bilbao ni alrededores. Al final resulta que no sólo se comía los bebés crudos el cartaginés este, sino también a las doncellas con ajuar y todo.

 

Antes de comenzar, los romanos ocuparon casi todo el ancho del campo de batalla con una profundidad de varias líneas. Aníbal extendió a los suyos hasta ocupar la misma extensión horizontal pero sin ninguna profundidad. Visto desde las alturas se observaría un rectángulo y una raya peleando. Es decir, contra la pandilla de chorizos tu lo que haces es abrir los brazos. “Así no te rodean, Patxi”.

 

Los cartagineses colocaron a sus tropas más débiles, la infantería gala e íbera, en el eje central y a la caballería por las alas. La idea era que el centro retrocediese mientras por los laterales se iba ganando terreno. Pero aquel, al ser tan débil, corría el riesgo de romperse, lo que resultaría fatal si se quería sobrevivir. Por lo que Aníbal decidió meterse en todo el meollo. Así dirigiría de cerca la parte más endeble de su ejército a la vez que les aportaría moral. El riesgo consistía en que, al estar el general en medio de la contienda, si lo herían o mataban significaría la perdición cartaginesa. Pero eso no pasaba por la cabeza de uno de Amorebieta, por Dios, no. ¡Si lo que voy a hacer es rodearlo, me cagüen...!

 

Siguiendo el plan del jefe, los iberos y galos comenzaron a retroceder mientras la caballería iba ganando terreno por las bandas. Los romanos al ver que avanzaban fueron cogiendo moral. Por el ala izquierda, la caballería númida ganaba a la romana, mientras que por la derecha estaba sufriendo bastante para doblegarla. Así que Aníbal decidió que parte de los jinetes de la derecha pasaran a la izquierda por detrás de las líneas de infantería para pillar a los romanos por sorpresa.

 

Cuando fueron derrotadas las alas romanas, los cartagineses habían formado una “U” con las líneas de sus tropas, quedando dentro de ella la inmensa totalidad del ejército contrario. Los caballos cartagineses giraron y acabaron formando una “O”, por lo que Aníbal había conseguido rodear a los romanos. De esta forma la ventaja numérica del contrario se quedaba en nada pues se encontraban tan apretados que ni siquiera podían desenfundar la espada. Algunos morían por aplastamiento sin haber entrado en combate. Incluso el comandante Paulo Emilio fue degollado (y eso que a los generales romanos les gustaba verlo todo con perspectiva. Como todo el mundo sabe, para tener una mejor perspectiva es necesario alejarse un poco y, a veces mucho, del objeto en cuestión).

 

De los 90000 mil romanos sobrevivieron unos 8000. Por parte de los cartagineses, de los primeros 35000 quedaron 31000. No está nada mal para un vasco.

 

 

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2 comentarios

SideriÄ -

Mmmm, interesante retrato de Aníbal luchando contra un bocata de calamares gigante.

Brushfinger -

Cojonudo! Con este relato me as dado una idea genial para mi proximo dibu! Ahi va Patxi!
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